¿Bótox? Hoy resolvemos tus dudas y despejamos mitos

Mucha gente ha oído hablar del bótox y no siempre en sentido positivo. A casi todos se nos vienen a la mente rostros estirados y sin expresión de actrices y actores famosos, y seguidamente pensamos que ‘se han pasado con el bótox’. Y es precisamente cuando se produce un abuso de dicha sustancia cuando la cara puede acabar siendo inexpresiva, pero su uso en pequeñas dosis puede aportar múltiples beneficios, suavizar y rejuvenecer el gesto, y no tiene por qué causar problemas.

El bótox no es similar a la silicona, su funcionamiento es muy distinto. Es una proteína altamente purificada que se inyecta en los músculos faciales para relajarlos, de manera que se eliminan las arrugas de expresión y se suavizan las arrugas estáticas.

Es un tratamiento mínimamente invasivo e indoloro y sus efectos son casi inmediatos: en unos tres días se pueden notar los resultados. Su duración depende del grosor de la piel, de la profundidad de las arrugas y de la potencia de los músculos faciales de cada persona (en alguien muy expresivo los resultados se desvanecerán antes).

Si se administra de forma coherente y lo realiza un especialista en la materia, se obtienen unos magníficos resultados. Por eso, en este post queremos romper una lanza a favor del bótox y despejar dos grandes mitos que rodean a este tratamiento estético.

Mito 1: “el bótox hace perder la expresión en los rostros”

Algunas personas temen usarlo porque creen que podría paralizar por completo sus músculos faciales. Sin embargo, siempre y cuando sea aplicado por manos expertas, su efecto más valorado es la naturalidad. El bótox (o toxina botulínica tipo A) es la alternativa idónea a la cirugía plástica.

Básicamente, las pequeñas dosis de toxina botulínica actúan bloqueando la liberación de una sustancia química producida en las terminaciones nerviosas llamada acetilcolina (responsable de las contracciones de los músculos), interfiriendo selectivamente la capacidad de contracción de los músculos de las zonas deseadas. Por eso, es el tratamiento ideal para mejorar las arrugas de expresión que se forman en el entrecejo, la frente y para las patas de gallo.

De la misma manera que en la cirugía estética, el resultado dependerá en buena medida de la técnica, la formación y la experiencia del profesional médico. En este tipo de tratamientos siempre menos es más. El objetivo debe ser un resultado discreto que rejuvenezca la expresión del rostro. Un profesional capacitado siempre inyectará lo mínimo para que el resultado final sea lo más natural posible. Conocer a la perfección cada músculo del rostro y saber las particularidades  de la toxina permiten que el resultado final sea armonioso y el riesgo de que surjan complicaciones, mínimo.

Mito 2: “es peligroso aplicarse bótox”

El bótox no es peligroso. De hecho, es uno de los tratamientos médico estéticos más seguros y lleva muchos años utilizándose en medicina para diferentes patologías. Hace más de dos décadas que se usa para corregir enfermedades musculares en niños y adultos, por lo que conocemos muy bien sus efectos a corto y largo plazo.

En su aplicación estética para corregir arrugas es, si cabe, mucho más seguro, ya que las dosis utilizadas son mínimas. Los efectos adversos aparecen en menos del 1% de los casos, y en caso de darse son leves, localizados y temporales. Algunos efectos pueden ser enrojecimiento y/o dolor en la zona de aplicación, algún pequeño hematoma o dolor de cabeza causado por la tensión en el momento de la aplicación. En cualquier caso, la reversibilidad de los efectos echa por tierra la teoría de la peligrosidad.

Lo que sí es cierto es que la seguridad no solo depende del producto, si no de quien lo aplica. Por eso Sanidad regula que únicamente pueden aplicarla los centros y profesionales que cumplen con  los requisitos indispensables para la conservación y administración de este medicamento. Además, no olvides que no todos los médicos están capacitados para aplicar este producto. Solo debe hacerlo un médico estético, un dermatólogo, un cirujano plástico o aquel profesional que haya recibido formación adecuada y oficial en el uso y manejo de la toxina botulínica para uso estético. Nunca hay que dejarse llevar por el ‘bajo coste’ porque un mal tratamiento de bótox siempre nos resultará muy caro. Aunque por suerte, los resultados no deseados son reversibles. Esta es su gran ventaja.

Desgraciadamente el bótox es uno de los tratamientos que más se practican fuera de la legalidad. Pero en buenas manos, es uno de los mejores tratamientos para ayudarte a recuperar un aspecto facial más terso y joven, sin que los demás noten que te has realizado un tratamiento médico-estético. Podrás decir adiós a las arrugas de la frente, el entrecejo y a las patas de gallo en poco tiempo y sin pasar por quirófano.